«Las mujeres rebeldes son las que gritan las consignas, las líderes sociales, las defensoras del agua, pero también las viudas que deciden tomar los libros para estudiar lo que siempre soñaron, las mujeres trabajadoras que le roban tiempo al trabajo para jugar con el lenguaje, las que roban vibradores para compartirlos con sus amigas, las que saben de plantas y reconocen la enfermedad con solo leer los signos del cuerpo. Además, son las escritoras detrás de esas historias, las mujeres que se reúnen cada vez que pueden a trabajar y “talleriar” sus textos, a someterlos a la lectura de sus compañeras, y, sin afán de competencia, hacen recomendaciones, inspiran a sus compañeras, corrigen y reescriben sus propios textos. Las que se organizan para dar a conocer su escritura y que llegue a la médula de sus comunidades: sus comunidades de esperanza y pensamiento, las que comparten con ellas el ir y venir de la vida cotidiana, las que saben construir desde lo cercano, desde la amistad, la familia, la
vecindad. Una obrera no trabaja sola» Laura Acero.




